El halftime show del Super Bowl 2026 marcó un antes y un después para la música latina. Bad Bunny tomó el escenario más visto del planeta como headliner y lo convirtió en una celebración de identidad, cultura y poder latino, acompañado por dos figuras que elevaron el momento a nivel icónico: Lady Gaga y Ricky Martin. El resultado fue un espectáculo que mezcló generaciones, estilos y públicos, dejando claro que el español ya no es tendencia pasajera, sino parte central del pop global.
Desde el inicio, Benito apostó por un show fiel a su esencia, lejos del formato tradicional que suele privilegiar explosiones visuales constantes. La presentación se sintió más cercana a un concierto conceptual que a un show diseñado únicamente para impactar en televisión, algo que dividió opiniones pero también reforzó su autenticidad.

Uno de los momentos más cool fue la aparición de Lady Gaga, cuya energía pop aportó contraste y nostalgia sin quitar protagonismo al artista principal. Su participación funcionó como un puente entre el pop mainstream clásico del halftime y la nueva era dominada por sonidos urbanos. La química entre ambos confirmó que las barreras entre géneros prácticamente ya no existen.
La entrada de Ricky Martin tuvo un peso simbólico aún más fuerte. Para muchos fans fue el cierre perfecto de un ciclo: el artista que abrió el camino del pop latino en el mercado estadounidense compartiendo escenario con quien hoy representa la nueva generación global. El momento fue leído como un relevo cultural que resume más de dos décadas de evolución musical.
La neta es que el show fue sólido y coherente, aunque menos espectacular que otros halftime recientes cargados de coreografías masivas y efectos extremos. Sin embargo, justamente ahí estuvo su diferencia. Bad Bunny no intentó adaptarse completamente al molde del Super Bowl, sino que llevó su propio universo al evento, apostando más por el mensaje y la estética que por la pirotecnia.

Entre las curiosidades que rodearon la presentación destaca que el artista ya había pisado el escenario del Super Bowl años atrás como invitado, pero esta vez lo hizo liderando el espectáculo, consolidando el momento más grande de su carrera en términos de exposición global. El show también fue interpretado como una señal clara del cambio en la industria musical, donde el mercado latino dejó de ser nicho para convertirse en motor principal del entretenimiento internacional.
Al final, el halftime de Bad Bunny no buscó ser el más escandaloso ni el más polémico, sino el más representativo de su tiempo. Y para una generación que consume música sin fronteras y sin etiquetas rígidas, eso fue exactamente lo que lo hizo memorable. ¡Yeah!






Deja un comentario