Después de enfrentarse a un minotauro, navegar el Mar de los Monstruos, escapar de Cerbero y hasta convertirse en un conejillo de indias, Percy Jackson pensaba que ya lo había visto todo. Pero nada, absolutamente nada, lo preparó para lo que se viene en la tercera temporada de Percy Jackson and the Olympians. La serie de Disney+ por fin adapta The Titan’s Curse, el tercer libro de Rick Riordan, y según el propio Walker Scobell, esta es la temporada más dark de todas. Cuando lees los libros, el primero te engancha, pero es en The Titan’s Curse donde la historia se pone realmente heavy y empieza a doler.
La temporada abre con un pequeño salto en el tiempo que muestra cómo Percy está manejando el regreso de Thalia, la hija de Zeus que revivió gracias al Vellocino de Oro. Spoiler: no la está llevando nada bien. Percy y Thalia se parecen demasiado, ocupan el mismo espacio en el equipo y eso genera una tensión constante. No solo son los únicos hijos de los dioses involucrados en la Gran Profecía, sino que el único lazo que los une es Annabeth… y ella desaparece. En una misión para rescatar a los hermanos Nico y Bianca Di Angelo, Annabeth termina en un peligro serio y de repente Percy y Thalia tienen que aprender a trabajar juntos sin estar seguros de si confían el uno en el otro. Esa rivalidad se convierte en el corazón de la temporada: no es solo quién va a ser el héroe de la profecía, sino si va a ser él o ella.

En esa misma misión Percy se entera del “Azote del Olimpo”, una criatura con el poder de destruir el hogar de los dioses. Cuando se lo cuenta a Artemisa, la diosa de la caza sale a buscarlo y deja a su teniente Zoë Nightshade al mando de las Cazadoras. Pero Artemisa también es capturada, y entonces Zoë, Percy, Grover, Bianca y Thalia se lanzan a una quest de costa a costa para rescatarlas. El viaje los lleva a lugares tan random como el Jardín de las Hespérides, el Basurero de los Dioses, el Museo Smithsonian del Aire y el Espacio y la presa Hoover (sí, habrá chistes de presa, confirmado). Es una mezcla perfecta entre road trip real y mundos mágicos, como si juntaran lo mejor de las dos primeras temporadas.
Percy también tiene que confrontar su defecto fatal y convertirse en la voz de la razón ahora que Annabeth no está. Tiene que controlarse, dejar de ser tan impulsivo y asumir el rol de líder. Y se nota en las peleas: esta vez no solo recibe golpes, ahora responde. Las secuencias de acción son más grandes, más agresivas y se sienten como una película de acción real mezclada con fantasía total. El manticore, el león de Nemea y el autómata Talos están entre los enemigos que van a enfrentar, y el manticore en particular se ve bastante aterrador. La producción ya no se está guardando nada: hay más sangre, hay muertes y las apuestas suben de nivel. Los dioses también aparecen mucho más: Artemisa, Apolo, Hera y Afrodita entran en acción, e incluso grabaron escenas del Consejo Olímpico con todos juntos en la misma habitación.

La relación de Percy con los dioses sigue igual de mal. Él no tolera sus trampas ni su deslealtad, y ellos lo resienten por eso. Mientras tanto, la historia de Nico y Bianca como hermanos demigods tiene un peso emocional fuerte, y hay sorpresas con Nico que van a hacer sentido a quienes ya leyeron toda la saga. Thalia también trae un conflicto extra: después de lo que Zeus le hizo, ya no está tan clara su lealtad ciega al Olimpo, y eso abre la posibilidad de que tome una decisión completamente diferente.
Al final de esta temporada, nada va a quedar igual. The Titan’s Curse es el punto donde todas las piezas de la Gran Profecía y de Kronos se ponen sobre la mesa. Los Titanes aparecen y la guerra de verdad empieza. Si quieres enterarte de más detalles, el elenco va a estar en el panel de San Diego Comic-Con este jueves 23 de julio a las 10 a.m. PT en el Hall H. Prepárate, porque lo que viene se siente next level.






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