La noche del sábado 1 de agosto en el Estadio GNP Seguros se puso intensísima. Harry Styles llegó para su segundo show de la residencia mexicana de la Together, Together Tour y se encontró con una tormenta de lluvia y granizo que dejó el escenario como pista de hielo y a miles de fans empapadas desde la fila para ingresar.

Antes de que abrieran puertas ya caía el aguacero con todo. La gente aguantó afuera buscando dónde refugiarse mientras el acceso se retrasaba y el piso del venue abierto se convertía en un desastre resbaloso. Adentro la vibra no bajó. Harry salió, empezó el show y en la primera canción, al bajar de la pasarela, se fue de espaldas completo. El estadio se quedó en silencio un segundo, él improvisó una pose desde el suelo, se levantó entre risas y siguió como si nada. Hasta se quitó los zapatos para no volver a resbalar y le dio con todo al resto del set.

En redes el momento explotó al instante. Unos lo compararon con Juan Gabriel, otros solo decían “el profesionalismo de este hombre” y muchos más celebraban que no se detuvo ni un segundo. Lo más fuerte vino después: a pesar del frío, del granizo y de salir casi congelados, el público se quedó el show completo. Cuando levantaron las luces de los celulares y lo ovacionaron, Harry se emocionó hasta las lágrimas, se puso un sombrero, gritó “¡Viva México!” y agradeció que nadie se hubiera ido.

Algunas fans ya están contando que valió la pena aunque salieran mojadas y con las manos congeladas. Otras se quejan del retraso y de cómo la organización manejó la entrada bajo la tormenta. Lo que nadie discute es que Harry se dejó el alma en el escenario y que la conexión con el público mexicano otra vez se sintió real. El show siguió, los números salieron y la noche terminó siendo de esas que se quedan en la memoria precisamente porque no salió perfecta.

Más fechas vienen en la residencia. Si vas a alguna, checa el clima y lleva impermeable. Porque en CDMX la lluvia no avisa y Harry, al parecer, tampoco se detiene.

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