Crecer como el junior de una leyenda viviente de Hollywood suena al máximo sueño, pero Scott Eastwood acaba de aplicar el reality check definitivo. Y es que el actor de Fast X confesó que su adolescencia no tuvo nada de nepo baby lifestyle ni lujos regalados. Tras vivir en Hawái con su mamá, el galán tuvo su primer momento de rebelión vendiendo plantitas dudosas en la preparatoria, lo que le costó la expulsión directa. Su castigo fue irse a vivir a Carmel, California, con su papá, el icónico director Clint Eastwood, quien para ese entonces ya tenía setenta años y cero ganas de consentir caprichos.

Olvídate de la vida color de rosa llena de autos de lujo pagados por papá. Clint, al ser de una generación que creció en la Gran Depresión, tiene una mentalidad súper austera. Cuando Scott entró a la universidad en Santa Bárbara y tuvo el descaro de pedirle un coche, la respuesta fue un «no» categórico que lo dejó furioso. Le tocó moverse en bicicleta a todos lados y trabajar de asistente de bar para pagarse sus cosas. Aunque en su momento le pareció pésimo servicio, hoy Scott reconoce que esa lección sobre el valor del dinero y el tiempo fue lo mejor que le pudo pasar para mantener los pies en la tierra.

Obviamente ser un Eastwood sí trajo sus perks insuperables, como pasar los veranos en sets de filmación de películas épicas y convivir con verdaderas leyendas de la actuación. Scott recordó cómo su papá manejaba a actores con fama de temperamentales sin despeinarse ni levantar la voz jamás. Cuenta la leyenda que cuando Kevin Costner se puso en plan diva y no quería salir de su camerino, Clint simplemente canceló el rodaje del día y mandó a todos a casa, dejando claro quién manda de la forma más cool y tajante posible. Scott aprendió que la vibra de jefe de verdad no necesita gritos, sino mucha actitud y cero drama. ¡Cool!

Deja un comentario

Tendencias